LOS HOMBRES SIMPÁTICOS

Marcos Úbeda aguarda en la cola del economato del patio de la prisión de Estremera donde le ha confinado el juez en espera de juicio. Federico Úbeda tira unas canastas a la espera de que la alarma le indique que es hora de cenar la sopa y el trozo de pollo de todos los lunes. A ambos les ha crecido el pelo y ya no parecen cabezas rapadas, solamente dos cabezas huecas.

 

A Marcos le quedan dos personas hasta llegar a la ventanilla y poder comprar seis cigarros con el simulacro de tarjeta de crédito que se usa dentro de la cárcel. Cuatro para él y dos para su hermano. Federico piensa que quizá debiera apuntarse al equipo de baloncesto de la prisión aunque odia los deportes de equipo, no le gusta que el triunfo o fracaso de nadie dependa, ni siquiera un poco, de lo que él haga o deje de hacer.