Hay muchas maneras de morir en el Distrito Federal. La más obvia es que, durante un asalto, tú, el asaltante o los dos se pongan bravos pero él vaya armado y tú solo lleves tu iPod como elemento de autodefensa, y te hayas olvidado o no te haya dicho nadie que no hay posibilidad de negociación en esas condiciones y te disparen en cualquier calle poco iluminada, una noche cualquiera. Pero no es la única. También puedes morir al ser picado por una araña venenosa de las que aparecen, sobre todo, en temporada de lluvias y que se cuelan por las ventanas como el polvo de la contaminación, y entran a tu dormitorio o a tu despacho y atacan tu hombro o tu tobillo, y en una milésima de segundo notas que se te empieza a dormir el brazo y te asustas y vas a un centro médico con la esperanza de que tengan el antídoto que te permita seguir viviendo hasta la siguiente tormenta.

CIUDAD TÓXICA