Como casi todos los martes, algunos lunes y pocos miércoles recorres por la noche la Gran Vía inspeccionando a las mujeres que te ofrecen allí su cuerpo. No te gusta hacerlo de jueves a domingo porque hay demasiada gente, jovenzuelos gritones cargados con las odiosas bolsas verdes que les dan en los “chinos” cuando compran el alcohol con el cada “finde” reivindican el estatus de Madrid como capital europea de la juerga. Evitas también esas noches porque hay mayor riesgo de que alguien pueda reconocerte, claro que eso cada vez te importa menos.

Te gustan especialmente los lunes y los martes porque es cuando la urbe está más vacía, sin los intrusos que acuden en masa desde lugares de la periferia como Getafe o Rivas Urbanizaciones, barrio artificial este último donde habitaste con tu ex mujer hasta que os divorciasteis y ella te dejó sin casa y sin dinero pero con la misma lujuria que tenías cuando vivíais juntos y a ella siempre se le ocurría algo mejor que hacer que acostarse contigo. Desde que te dejó piensas que lo mejor de tan poca actividad sexual fue que nunca se quedó embarazada.